Cerca de 5.000 años han pasado desde que las primeras tribus dejaran su vida nómada y se instalaran en zonas seguras, cerca de una vega fértil que permitió desarrollar una de las culturas más innovadoras para el desarrollo humano.

La Cultura del Argar surge al amparo de los nacimientos de agua del cauce del río, y de la seguridad que supone el sedentarismo. Ello conllevaría la acumulación de conocimientos que permitieron la hegemonía de la sociedad argárica. Unos tres mil años después de los primeros núcleos de población, entre el 2000 y el 1800 antes de Cristo aparece esta nueva forma de entender la sociedad que acabará extendiendose por gran parte de las provincias de de Granada, Jaén, Alicante y la totalidad de Almería y Murcia. Se trataría de una civilización que en Antas se inicia con el asentamiento de Gárcel y finalizará con Qurénima, al Sur del Cabezo María, 1.300 años después.

Se conocen más de una quincena de asentamientos en la vega del río Antas, no todos catalogados ni estudiados como merecen. Entre ellos destacan El Argar, Gárcel, La Pernera, Qurérima, Lugarico Viejo, Fuente Bermeja o las Cuevas del Serrón. Estos asentamientos comparten un urbanismo complejo, con viviendas de varias habitaciones con distinta funcionalidad, generalmente situadas en laderas.

Cambian sus costumbres funerarias, puesto que sustituyen el enterramiento colectivo fuera de los poblados por sepulcros dentro de las propias viviendas. Su desarrollo además se ve en la cultura material, especialmente en la cerámica y en la metalurgia que, por extensión, supondrá la llegada del comercio.

Muchos han sido los arqueólogos que se han interesado por esta sociedad altamente desarrollada, pero son los primeros estudios realizados por Luis Siret, los que más repercusión internacional han tenido. En sus escavaciones siempre estuvo acompañado de Pedro Flores, nacido en Antas que se convirtió en su mano derercha y capataz.

Hasta mil sepulturas, mayoritariamente en tinajas, fueron documentadas. Junto a ellas, ajuares en oro y plata, brazaletes, espadas, diademas y, entre las vasijas, el característico “vaso campaniforme”, acompañado a veces de algunos alimentos. Ello puede indicar que contaban con una honda religiosidad y creencia en la vida futura y una importante diferenciación social de clases.

Reseñable es la aparición de la metalurgia del bronce. Puede que su fórmula sólo fuera conocida por los pobladores de algunos de los asentamientos, lo que permitió ejercer el poder a sus dirigentes sobre los pueblos colindantes, que le deberían vasallaje.



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